El Clásico que encendió la historia: Stoichkov y la pisada que sacudió un árbitro
20 octubre 2025
Contexto previo al Clásico
El mundo está a punto de vivir otro Clásico entre Barcelona y Real Madrid en el Santiago Bernabéu, en la décima jornada de La Liga. Este encuentro ha sido siempre un espectáculo de historia y rivalidad, con protagonistas que han hecho temblar palcos y canchas por igual. Los dos clubes son, sin duda, dos de los gigantes más grandes del fútbol mundial, y la tensión entre sus jugadores y aficiones está al máximo cuando se aproxima la fecha de este choque.
Con cada Clásico, el fútbol español demuestra que la historia pesa tanto como el balón: la memoria colectiva de estas confrontaciones decide discusiones de cafetería y, en ocasiones, el ritmo de la competición. En este marco tan cargado, se recuerda un episodio que quedó grabado en la memoria de todos los seguidores: una jugada que marcó una época y que aún aparece en las crónicas cuando se habla de Stoichkov y su relación con el club. Este choque es mucho más que goles, es un choque de momentos culturales, de estrellas, y de pasiones que no se apagan con el pitido final.
El episodio de 1990
Durante la Supercopa de España 1990, disputada en el Camp Nou, Barcelona y Real Madrid protagonizaron una escena que todavía se recuerda entre aficionados: Hristo Stoichkov, recién llegado al club catalán, fue protagonista de una acción que encendió la polémica. En una jugada cerca de la banca, el árbitro Orizar Azpitarte recibió el impacto de la disputa y el enojo de la grada y de la plantilla azulgrana por las decisiones tomadas durante la primera parte. Aquel encuentro terminó con una derrota para Barcelona y con una expulsión que terminó por marcar el inicio de una rivalidad que ya era intensa y que se convirtió en tema de debate entre periodistas y aficionados.
Según el relato del propio árbitro, hubo protestas y protestas que desbordaron la tolerancia en un partido que ya mostraba la movilidad de las emociones. Stoichkov, que había ingresado al Barcelona poco antes, se enfrentó a la decisión disciplinaria y recibió la tarjeta amarilla que derivó en expulsión; se habló de un forcejeo y de una acción que el tiempo convirtió en mito. En la habitación de los vestuarios se comentó que la tensión persistía y que el incidente dejó secuelas tanto en la relación entre jugadores como en la dinámica del campeonato.
Stoichkov, con su carácter directo y su talento devastador, habló más tarde de esa etapa con ironía y sinceridad, afirmando que el club y su historia en Barcelona se merecían el máximo respeto y que, a veces, las decisiones arbitrales pueden marcar un tramo de la carrera de un equipo pero no su identidad. En esa conversación se consolidó la fama del búlgaro como un temible competidor y como un jugador capaz de atraer la atención de todos los focos cuando la expectación está al límite.
La rivalidad entre Barcelona y Real Madrid es más que una serie de encuentros; es un relato que se alimenta de momentos destacados, de gestos, de decisiones y de la memoria de las aficiones que siguen escribiendo cada capítulo en el terreno de juego.
La relación entre Stoichkov y Real Madrid ha sido de odio declarado, y su historia con Barcelona ha contribuido a convertirlo en una de las figuras más queridas por la afición blaugrana, no solo por su talento sino también por su honestidad brutal para describir a su rival.
En esa línea, la amistad entre entrenadores y jugadores también ha dejado su marca: Cruyff, que dirigía a Barcelona en aquel entonces, intentó mantener la disciplina en un entorno de gran presión y expectativa. Los hechos de esa temporada se transformaron en una parte del mito del Clásico, que sigue recordándose cada vez que se aproxima el encuentro entre estos dos gigantes.
Con el Clásico a la vista, la expectativa continúa creciendo: Barça y Madrid llegan con plantillas que pueden cambiar la historia del campeonato, y cada jugador sabe que, en parte, el peso del pasado condiciona el presente. ¿Quién impondrá su juego este domingo? El tiempo dirá, pero lo que ya está claro es que este Clásico ya forma parte del legado de uno de los choques más emblemáticos del fútbol.
En términos de liga, Barça había disputado nueve jornadas hasta ese punto: siete victorias, un empate y una derrota, sumando 22 puntos y ocupando la segunda posición. Real Madrid, con el mismo número de encuentros, llevaba ocho victorias y una derrota, y lideraba la clasificación tras vencer al Getafe. Esta circunstancia añadía un extra de tensión, porque el Clásico podía desequilibrar la lucha por el título y definir la dirección de la segunda mitad de la temporada.
Y si este Clásico fuera una película, la taquilla podría despegar con la potencia de un disparo final: el balón siempre tiene la palabra, pero la memoria colectiva de la afición decide si la historia se reescribe o se consagra. Y si alguien pregunta por el horario del partido, que mire el árbitro: siempre sabe cuándo expulsar, o al menos cuándo intentar hacerlo con estilo.