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Copa Árabe y Liga de Naciones: de laboratorio europeo a dilema de prioridades en el fútbol global

25 noviembre 2025

Copa Árabe y Liga de Naciones: de laboratorio europeo a dilema de prioridades en el fútbol global
La imagen muestra un partido de la Copa Árabe 2021 con un equipo juvenil en foco

Una copa que revela prioridades

Una escena de un partido de la selección saudí en la Copa Árabe 2021 muestra una alineación mayoritariamente joven y de suplentes, a pesar de que la FIFA reconoce oficialmente el torneo y lo sitúa bajo su paraguas, como un espejo claro de cómo los equipos árabes manejan la competición.

Las grandes selecciones árabes no participaron con planteles de primera línea, dando la impresión de que era más una competición para jugadores en reserva que una liga regional de alto nivel.

Por ejemplo, Arabia Saudita envió casi todo su plantel en edad sub-23, mientras que Argelia y Marruecos también optaron por equipos no principales con refuerzos de ligas árabes. En paralelo, se destacó que solo 15 jugadores por plantilla de 23 estaban activos fuera de las ligas árabes, reforzando la visión de una competencia secundaria.

Mohamed Salah (Egipto), Riyad Mahrez (Argelia) y Achraf Hakimi (Marruecos) no asistieron, y pese al reconocimiento oficial de la competición, se disputó fuera de ventanas internacionales, lo que permitió a los clubes no ceder jugadores.

Este enfoque dio lugar a una mentalidad de “prueba y emergencia”: las selecciones participaron con objetivos distintos a ganar el título, pero la falta de cohesión y de planificación a largo plazo se hizo evidente, con diferencias notables entre el rendimiento de las selecciones principales en grandes torneos y las selecciones sombras en la Copa Árabe.

Si las confederaciones quieren mantener y desarrollar la competencia, quizá deban cambiar la mentalidad y verla como una plataforma para construir un segundo equipo de forma estructurada, a la altura de lo que logran los europeos en la Liga de Naciones.

De la duda al laboratorio de talentos organizado

La Liga de Naciones Europea es, en cambio, una historia de éxito que convirtió las dudas iniciales en un programa técnico y competitivo. Creada en 2018 para sustituir amistosos, recibió escepticismo, pero la primera edición superó las expectativas y mostró su valor estratégico.

Con el tiempo, la competición elevó la competitividad gracias al sistema de ascensos y descensos, reuniendo a equipos de nivel similar para ofrecer encuentros útiles y atractivos desde el punto de vista técnico. Los grandes entrenadores y jugadores reconocieron que las generaciones emergentes se desarrollan mejor en un marco competitivo real.

La Liga de Naciones se convirtió en un laboratorio real para construir generaciones en equipos europeos. En Inglaterra, emergió una generación joven impulsada por Saúl de Sub-21 y otros talentos que ganaron experiencia clave; en España, la prueba de jóvenes como Pedri y Gavi aceleró su maduración de cara a Eurocopa 2020/2021. Francia aprovechó la competición para revitalizar su plantilla tras el Mundial 2018, con un cambio en la táctica hacia un 3-4-3 y la integración de jóvenes junto a veteranos como Benzema, Mbappé y Pogba, culminando en un título en las finales de la Liga de Naciones 2021.

Estos ejemplos muestran que un enfoque a largo plazo, con un marco competitivo, puede ser beneficioso para construir equipos capaces de rendir en torneos mayores y, a la vez, desarrollar nuevos talentos para el futuro.

En resumen, el contraste entre Europa y el mundo árabe no reside en la existencia de la competición, sino en cómo se aprovecha: la Liga de Naciones evolucionó hacia un laboratorio estratégico, mientras que la Copa Árabe, aunque repleta de aspiraciones, sigue luchando por convertirse en una plataforma sostenida de desarrollo a largo plazo. Qatar demostró capacidad organizativa con la Copa Árabe 2021 y la planificación para futuras ediciones; ahora es cuestión de que FIFA y las confederaciones faciliten un marco estable y beneficioso para el fútbol regional.

Escuchar a Europa no significa copiar el guion al pie de la letra, pero sí reconocer que la inversión en talento joven y en una visión de largo plazo puede rendir frutos cuando se acompaña de un marco de competencia real y de reconocimiento institucional.

En definitiva, la Copa Árabe podría convertirse en un motor de crecimiento si adopta una estrategia de desarrollo continuado y se integra con las ventanas internacionales y las ligas de las ligas grandes, tal como ocurre en Europa con la Liga de Naciones.

Si no, seguiremos viendo a las grandes estrellas perderse estos torneos como si fueran paradas en boxes, mientras las reservas esperan su momento en la ducha y el balón solo quiere jugar a ser protagonista en un guion que no llega a su clímax.

Punchline 1: Si la Copa Árabe fuera una serie, ya sabemos el final: los suplentes tienen el spin-off y el título lo pelea el guion… o el banquillo, según el día.

Punchline 2: En el fútbol, la paciencia es un entrenador disciplinado: llega tarde, pero llega con el plan long-term y el balón aplaudiendo desde la grada.

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Paulo Ilmagnifico

Soy Paulo Ilmagnifico, periodista deportivo español nacido en 1992. Apasionado del flamenco, la cerámica artesanal y el senderismo en el bosque, comparto mi visión sensible del deporte.

Preguntas frecuentes

¿Qué revela la Copa Árabe 2021 sobre la selección de jugadores jóvenes?

Que las grandes potencias árabes disputaron el torneo con planteles secundarios y sub-23, en lugar de sus equipos titulares.

¿Qué hizo que la Liga de Naciones fuera vista como un éxito?

Introdujo un formato competitivo real con ascensos y descensos, permitiendo probar tácticas y talentos en un marco similar a las grandes competiciones.

¿Qué deberían hacer las confederaciones árabes para mejorar la Copa Árabe?

Cambiar la mentalidad hacia una construcción planificada a largo plazo, integrando talentos y vinculando la competición a ventanas internacionales y proyectos de desarrollo.