Despedida de lujo: las estrellas del fútbol egipcio rinden homenaje a Mohammed Sabry, leyenda de Zamalek
16 noviembre 2025
Un adiós que reunió a las glorias del fútbol egipcio
En la mezquita Al-Hamidiya al-Shazliya de El Cairo, este domingo por la noche, numerosas estrellas del fútbol egipcio y autoridades acudieron para expresar sus condolencias por Mohammed Sabry, leyenda de Zamalek y de la selección nacional, fallecido tras sufrir una crisis de salud mientras conducía su coche.
La familia del homenajeado, la junta directiva de Zamalek y sus grandes símbolos recibieron el pésame en una velada de profundo conflujo emocional.
El club anunció un luto de tres días, con la presencia de dirigentes como Hussein Labib, Ahmed Suleiman y el ex presidente Mamdouh Abbas, junto a otros rostros emblemáticos del club.
Una constelación de figuras de la generación dorada acompañó el acto; entre ellos Khaled Al-Ghandour, Moataz Gamal, Tarik El-Sayed, Osama Nabil, Medhat Abdelhady y Ayman Abdel Aziz, que mostraron la unidad entre generaciones de Zamalek.
También estuvieron presentes ex jugadores y dirigentes de Al Ahly, como Mokhtar Mokhtar, Ahmed Hassan y Said Abdel Hafiz, subrayando el espíritu de respeto entre clubes rivales en un momento de duelo compartido.
Una delegación oficial de alto nivel, encabezada por el ministro de Industria y Transporte, el general Kamal Al-Wazir, acudió para expresar su pésame, subrayando la proyección social de Sabry más allá del terreno de juego.
El legado de Sabry se completó con el anuncio de un apoyo económico para su familia y la creación de una pensión mensual en reconocimiento a su trayectoria con el club.
Carrera y legado de un genio del balón
Mohammed Sabry nació en 1974 y debutó con el primer equipo del Zamalek en 1993, destacándose como mediocampista y extremo por su habilidad para regatear y crear oportunidades. A lo largo de su carrera, acumuló 15 títulos, entre ellos dos Ligas Egyptianas, dos Copas de Egipto y tres Supercopas, además de tres Copas de la Liga de Campeones de África y una Copa de las Copas Africanas, junto a un Afro-asiático frente a la elite africana.
Junto a figuras como Ahmed El-Kas y Isma’il Youssef, Sabry formó parte del asentamiento de la “generación dorada” del Zamalek a finales de los 90 y comienzos de los 2000. Tras una breve aventura profesional en Kazma, Kuwait, regresó a Egipto para jugar con Al-Ittihad de Alejandría antes de retirarse y dedicarse a la formación de talentos y al periodismo deportivo.
Después de colgar las botas, Sabry trabajó como comentarista y analista para la cadena del Zamalek, manteniendo una voz crítica pero leal al club y defendiendo siempre la memoria de su escudo sin insultar a rivales.
Su fidelidad al Zamalek fue tan destacada que, en una ocasión, afirmó que no podría jugar para otro club egipcio y que su corazón pertenecía a la entidad blanca, contando con el respaldo emocional de la afición y la admiración de sus colegas.
En el ámbito personal y profesional, Sabry dejó constancia de su compromiso con el club y su visión de formar futuros talentos, incluyendo el hallazgo del prometedor Mustafa Fathi. Su paso por la televisión deportiva consolidó su perfil de “hombre de club” y de defensor de la historia del Zamalek.
El fallecimiento, producido tras un choque entre su automóvil y un muro en el área de El Fifth Settlement, conmocionó al mundo deportivo de Egipto y dejó a la afición con un hueco que apenas se ha podido llenar.
Las muestras de condolencia no tardaron en llegar desde distintos estamentos del fútbol. Nira Al-Ahmad, miembro del consejo del Zamalek, expresó su dolor en Facebook; mientras que figuras como Hazem Imam, Mokhtar Mokhtar y Said Abdel Hafiz enviaron mensajes de despedida y homenaje. Shikabala, ex estrella del club, también rindió tributo al legado de Sabry y a su capacidad de inspirar a las nuevas generaciones.
En la actualidad, el dolor se mezcló con un sentido de orgullo por lo que Sabry dejó: un ejemplo de compromiso, talento y amor por el blanco del Zamalek. El acto demostró que, en el fútbol egipcio, las pasiones pueden convivir con el respeto entre rivales y con el reconocimiento institucional a una vida dedicada al deporte.
Y ya que el fútbol también tiene su humor, dos dosis de realidad para cerrar: si el balón hablara, diría que Sabry lo dejó todo en la cancha y que la memoria de su juego no se pierde; el balón enciende la ilusión, pero Sabry dejó la certidumbre de un legado. Y si alguien pregunta si el fútbol es solo un juego, Sabry respondería con una sonrisa: “No, es un idioma que sólo entienden las leyendas”.