Dos grandes frente a cuatro: Asia impone su huella en la Copa Árabe
18 noviembre 2025
Dominio asiático por excelencia
En un territorio que supera los 70 millones de kilómetros cuadrados, viven casi 6 mil millones de personas en África y Asia, y se hablan más de 4000 lenguas. Sin embargo, existe una “lengua común” que une a ambos continentes y da forma a una tercera región futbolística. Esa constelación de 22 países —10 africanos y 12 asiáticos— vivirá su gran fiesta: la Copa Árabe, undécima edición, y la segunda bajo la organización de la FIFA, que se disputará entre el 1 y el 18 de diciembre en Qatar. Participarán 16 selecciones, repartidas en 4 grupos, y los dos primeros de cada grupo avanzarán a cuartos de final.
La Copa Árabe tiene un marcado acento asiático: las selecciones del continente amarillo han sido las más presentes desde las primeras ediciones. En la primera, de 1963, celebrada en Beirut, Túnez representó a África frente a cuatro equipos asiáticos. En 1964, cuando se disputó en Kuwait, Libia ejerció como único representante africano ante otros cuatro asiáticos. La tercera edición fue la más atípica: cinco equipos, todos de Asia, sin presencia africana. En 1985, la competencia volvió a Asia, en Arabia Saudita, con Mauritania como único equipo africano junto a cinco asiáticos.
La edición de 1988, en Jordania, reunió a tres africanos (Egipto, Túnez y Argelia) frente a siete asiáticos. En 1992, en Siria, solo Egipto representó a África frente a cinco equipos asiáticos. En 1998, Kuwait albergó un torneo con Egipto y Libia como únicos africanos frente a cuatro asiáticos. En 2012, en Arabia Saudita, el África aportó cuatro países de once: Egipto, Sudán, Marruecos y Libia; y en 2021, Catar, el África tuvo seis representantes entre dieciséis. En cada edición, la sede principal estuvo en Asia: Qatar (tres veces), Arabia Saudita (dos) y Kuwait (dos), además de una sede en Líbano, Iraq, Jordania y Siria a lo largo de la historia.
2 grandes de 4!
Aunque la primera campeona fue África (Túnez, en Beirut, 1963), Asia fue tomando el control en las décadas siguientes. Iraq se llevó cuatro títulos (1964, 1966, 1985 y 1988), mientras que Egipto levantó el trofeo en 1992. Arabia Saudita sumó dos coronas consecutivas (1998 y 2002). Marruecos conquistó el título en 2012 y Argelia lo hizo en 2021. En total, Asia acumula seis campeonatos frente a cuatro de África; y si miramos a las selecciones ganadoras, África cuenta con Egypt, Túnez, Argelia y Marruecos, cada una con un título, mientras Asia se reparte entre Iraq, Arabia Saudita, Marruecos y Argelia con distintos episodios.
En lo que respecta a los subcampeones, Asia también lidera, con varias selecciones que llegaron a la definición en múltiples ocasiones; África, sin embargo, mantiene una presencia más dispersa en las finales a lo largo de la historia. El equilibrio geográfico de la competencia es, sin duda, uno de sus rasgos más llamativos y continuos a lo largo de las décadas.
Además de los resultados, la competencia ha contado historias de sedes y de desarrollo regional: la región ha albergado cada edición o parte de ella en escenarios predominantemente asiáticos, lo que ha influido en la dinámica de los equipos y en las estrategias empleadas por las selecciones africanas para enfrentar el ritmo y la competencia del continente oriental.
Final afro-asiático único
Tras las dos primeras ediciones, la Copa Árabe encontró en la década de los 90 una racha de finales dominadas por jugadores de Asia, con cinco finales entre asiáticos y seis entre africanos a lo largo de las próximas décadas. Sin embargo, la única final que enfrentó a un equipo africano contra otro asiático se disputó en 1992, cuando Egipto venció a Arabia Saudita por 3-2 en Alepo.
En esa final, Egipto marcó tres goles a la defensa saudí en un partido memorable, con los tantos de Sami El-Shishiny, Ahmad Al-Kass y Hassan Hosny; por los saudíes anotaron Abdulrahman Al-Rumi y Saeed Al-Warayan. Fue un momento histórico que simbolizó la coexistencia de dos continentes en una cita regional tan peculiar, y que dejó una nota de color sobre el cruce de trayectorias entre Asia y África.
Hoy, la Copa Árabe continúa siendo un espejo de las dinámicas futbolísticas y geopolíticas de la región, con un relato en el que Asia ha dejado una huella más profunda en el palmarés y África aporta una presencia valiosa y aspiracional para volver a las finales. En lo deportivo, cada edición suma una página más a una historia que se escribe, como siempre, a partir del balón y del coraje de las selecciones que la disputan.
Y para cerrar con el toque de humor: si la Copa Árabe fuera una evaluación de secundaria, Asia ya tendría las respuestas en la mano, y África traería el entusiasmo de quien pregunta: ¿y si este examen se decide en la prórroga? Y la segunda punchline, para quienes aún dudan de la magia del balón: el balón no pregunta, solo rebota… y a veces decide quién se lleva la sonrisa al final del partido.