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Japón rompe una maldición de décadas: 3-2 ante Brasil en Tokio, un guiño de cara al Mundial 2026

15 octubre 2025

Japón rompe una maldición de décadas: 3-2 ante Brasil en Tokio, un guiño de cara al Mundial 2026
La histórica victoria de Japón contra Brasil ilumina Tokio y eleva las aspiraciones mundialistas.

Contexto y relevancia

El entrenador japonés Hajime Moriyasu afirmó que la victoria histórica por 3-2 ante Brasil en un amistoso disputado en Tokio es resultado de décadas de trabajo y sirve como punto de partida para el objetivo mundialista. Japón, que había mostrado señales de progreso en torneos recientes, recibió una dosis de confianza al vencer a una de las selecciones más laureadas de la historia.

La remontada fue ante una Brasil que, pese a su dominio típico, encontró resistencia en una selección japonesa que supo conectar defensas firmes con transiciones rápidas. Aproximadamente 45 mil aficionados presenciaron la escena, testigos de un triunfo que promete dejar huella en el pensamiento táctico de Moriyasu y en la mentalidad del equipo.

Moriyasu destacó que el equipo supo interpretar las circunstancias del partido y que la victoria llega como un reconocimiento al esfuerzo de jugadores que han seguido creciendo, superando lesiones y críticas para rendir a un alto nivel cuando más se les necesitaba.

El técnico añadió que el triunfo refleja “la labour de generaciones” y que, si bien el Mundial 2026 es el objetivo mayor, sostener la mejora constante será crucial para no perder el impulso. “No es solo un resultado aislado; es una señal de que estamos en el camino correcto”, afirmó el entrenador, con un tono que mezclaba satisfacción y determinación.

La historia reciente de Japón frente a Brasil ya había sido un recordatorio de que la nación oriental puede competir al más alto nivel, y este triunfo refuerza esa narrativa de progreso sostenido. Moriyasu subrayó que la clave pasa por mantener la concentración y la disciplina táctica, pilares que han permitido a la selección nipona escalar posiciones en el ámbito internacional.

La victoria también sirve para calibrar la confianza de la plantilla ante futuros desafíos. Japón quiere convertir este momento en una palanca para elevar su rendimiento colectivo, especialmente en fases decisivas de torneos internacionales, donde la presión suele ser máxima y la experiencia de Brasil sigue marcando la referencia en el juego.

La celebración en Tokio fue un claro indicio de que la victoria no fue casualidad: la selección japonesa demostró hambre y claridad de ideas, dos factores que, según Moriyasu, son esenciales para afrontar el calendario competitivo que se avecina.

Shuto Machino explicó que la motivación llegó desde el vestuario, con Akira Minamino tomando el rol de líder en la cancha y recordando a todos que el equipo no se dobla ante la adversidad. “Fue una victoria que cambia la historia de Japón frente a Brasil, y el objetivo es seguir aprovechando este impulso para acercarnos a la cima mundial”, afirmó Machino tras el pitido final.

A nivel histórico, este resultado marca la primera victoria de Japón sobre Brasil en 14 encuentros, sumando un capítulo que reabre el libro de duelos entre dos potencias de distintas tradiciones futbolísticas. Brasil, por su parte, mantiene su claridad de propósito, sabiendo que el proceso de reacomodo bajo Carlo Ancelotti está en marcha. El choque deja claro que la resistencia y la disciplina japonesa siguen siendo herramientas valiosas en la lucha por los títulos.

En lo que respecta al devenir reciente de Brasil, Ancelotti ha dado pasos para consolidar un proyecto a medio plazo. Tras tomar las riendas en mayo de 2025, el entrenador italiano ha buscado equilibrio entre una ofensiva efectiva y una defensa organizada, una tarea que no está exenta de complejidad en un equipo con una mezcla de veteranos y jóvenes promesas. A modo de resumen, Brasil cerró las eliminatorias con un rendimiento irregular, pero con indicios de recuperación y de un estilo que podría adaptarse a la demanda de torneos de alto nivel en el Mundial 2026.

La dinámica entre estas dos culturas futbolísticas —la creatividad brasileña y la precisión japonesa— continúa sirviendo como laboratorio de pruebas. Este encuentro no solo ofreció un resultado, sino una declaración de intenciones: Japón quiere y puede competir contra las ligas de mayor peso, y Brasil, a pesar de las decisiones de su entrenador, busca volver a su mejor versión para sostener su estatus en la élite mundial.

Brasil recibió la noticia de que el camino hacia un nuevo título continental no será sencillo. Los cambios en el staff técnico, las rotaciones de jugadores y la búsqueda de un equilibrio entre defensa y ataque serán determinantes para el rendimiento durante las próximas ventanas de clasificación y preparación para el Mundial 2026.

Este duelo también dejó claro que el conteo de victorias ya no se limita a una cuestión de estadísticas; se ha convertido en un espejo de evolución táctica. Japón, que ha depthado su estructura de juego con la presencia de jugadores que disputan ligas europeas, demuestra que la suma de experiencia internacional y disciplina puede ser una combinación poderosa contra selecciones con tradición ganadora.

En cuanto al futuro inmediato, ambas naciones tendrán que enfrentar retos similares: Japón buscar consolidar este momento con resultados consistentes y Brasil terminar de pulir su propuesta de juego para no ceder terreno ante los rivales más exigentes de su calendario. El mundo observará, con la esperanza de ver cómo estas historias de progreso se traducen en pasos firmes hacia una final de Mundial más disputada y, por qué no, más impredecible.

Y para cerrar con humor ligero, porque a veces el fútbol también necesita un respiro: Punchline 1: En Tokio aprendimos dos cosas: que Japón puede darle vuelta al marcador y que Brasil necesita encontrar su propio botón de “reset” más a menudo, que no es un videojuego. Punchline 2: Si el balón fuera una ramen, este partido habría dejado a todos con hambre de más, pero con la certeza de que la cocina del fútbol tiene mucho sabor cuando se anota un triunfo así. Y, como diría un comentarista, si el Mundial se resolviera en goles de carisma, Japón ya habría comido en la mesa de los gigantes.

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Paulo Ilmagnifico

Soy Paulo Ilmagnifico, periodista deportivo español nacido en 1992. Apasionado del flamenco, la cerámica artesanal y el senderismo en el bosque, comparto mi visión sensible del deporte.

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