La batalla entre Laporta y Pérez: ¿el Clásico como venganza o reconciliación en el fútbol europeo?
22 octubre 2025
La alianza que se deshilacha
En un giro dramático que reconfigura las alianzas del fútbol europeo, la relación de trabajo entre el presidente del Barcelona, Joan Laporta, y el del Real Madrid, Florentino Pérez, se convirtió en un choque político y administrativo.
Hasta hace poco eran aliados en la lucha contra la UEFA, pero proyectos como la Superliga y el Caso Negreira tensaron esa unión hasta convertirla en una batalla abierta.
Con el Clásico a la vuelta de la esquina, la tensión entre ambos se nota más en las decisiones estratégicas que en el marcador, y las palabras parecen pesadas como un contrato en la mesa de negociación.
La historia empieza con un intento de redefinir el poder en el fútbol europeo mediante una liga que desafiaba a la UEFA, un sueño compartido que prometía mayores ingresos y, tal vez, menos controles. Aunque el proyecto nunca logró consolidarse, el vínculo entre Laporta y Pérez siguió siendo un motor para ciertas acciones conjuntas, alimentando una sensación de “s son hermanos en el negocio” incluso cuando las discrepancias eran evidentes.
Con el paso del tiempo, surgieron choques que no eran meras discusiones deportivas: la supervisión de las sanciones y las políticas del fútbol europeo se volvieron terreno de confrontación, y cada movimiento fue interpretado como una señal de ruptura definitiva.
Un giro en Roma y sus secuelas
La ruptura se acentuó tras la revelación de la llamada “cuestión Negreira”, un escándalo que colocó a Barcelona en una posición defensiva frente a las acusaciones de pagos sospechosos para influir en arbitrajes. En ese momento, Real Madrid adoptó una postura contundente y el entorno jurídico del club blanco se sumó a la causa, presionando a través de vías legales y mediáticas.
Este golpe dejó a Laporta en una posición difícil: por un lado, la presión de mantener la integridad deportiva y financiera de su club; por otro, la necesidad de gestionar una relación complicada con un rival histórico que parecía haber abandonado la solidaridad futbolística en momentos clave.
Con la escalada de tensiones, Laporta empezó a buscar soluciones pragmáticas para preservar a su equipo dentro de la estructura europea. En paralelo, Pérez insistía en mantener vivo el proyecto de la Superliga, creyendo que solo así se puede recuperar la influencia de los grandes clubes en un panorama que cambia rápidamente.
La situación dio un giro notable en un encuentro en Roma, cuando Laporta se dejó ver cercano a figuras de la Fórmula de la UEFA, cercanías que fueron interpretadas por la prensa como un giro explícito hacia un nuevo marco de alianzas. Este acercamiento marcó, en la práctica, un distanciamiento con Pérez y una señal de que el Barça buscaba encajar en el mapa europeo desde una óptica distinta a la de su eterno rival.
Las consecuencias fueron inmediatas: se redujeron sanciones importantes para Barcelona, y el relato oficial insinuó una apertura para acercarse a un marco regulatorio más claro dentro de la UEFA. Aunque se mantuvo la ambición de reformas, la táctica ha cambiado: la cooperación entre los gigantes ya no es la regla, sino una pieza de negociación que podría reacomodarse en función de los intereses de cada club y de la propia UEFA.
La narrativa dejó claro que el Clásico ya no es solo un duelo deportivo, sino un tablero donde se negocian futuras reglas del juego. En la práctica, Barcelona y Real Madrid avanzan con tareas distintas: Laporta busca seguridad y un lugar en el nuevo orden europeo, Pérez defiende una visión de liderazgo que desafía el status quo, y la Liga española observa con atención cómo estos movimientos redibujan su entorno.
La encendida confrontación entre ambos presidentes acumula efectos prácticos: el futuro de la competición, las relaciones con la UEFA y la gestión de las finanzas de los clubes quedan en el centro de un debate que podría dejar huellas duraderas en la historia del fútbol español y europeo.
En definitiva, el Clásico de mayo no solo decidirá puntos; será un termómetro de la fractura o la reconciliación entre dos modelos de poder que, a fin de cuentas, siguen compartiendo una misma casa: el fútbol de élite europeo.
Y si alguno cree que todo terminará con un gol, que se prepare para la secuela:
En el fútbol, cuando dos gigantes se miran, el balón se esconde para no estallar la negociación.
Y si el Clásico se convierte en una novela de poder, al menos el punchline sigue siendo el mismo: que gane el mejor ejecutando contratos, porque aquí el pago llega antes de que suene el pitido final.